Si tuviéramos un aparato capaz de medir el nivel de victoria de las personas y lo apuntáramos a cada hermano que entra los domingos al culto en cualquiera de las congregaciones, le aseguro que sería una cifra deprimente ver los resultados.

Y al decir esto no estoy pensando precisamente en las luchas contra el pecado que cada uno enfrenta día a día, lo cual, en sí mismo, es un gran tema, sino mas bien estoy pensando en los altibajos de la vida que muchas veces nos llevan a perder la fe, desanimarnos, y que si le sumamos el componente «vieja naturaleza» el panorama para muchos se vuelve en una densa neblina de ansiedad, dolor, incertidumbre, despropósito y e infructuosidad.

El apóstol Pablo, en su carta a los Romanos 8:18-30 buscaba animar a los hermanos, al tratar este tema del sufrimiento presente y la gloria futura, haciéndoles ver que el Espíritu Santo tiene un rol preponderante en ayudarnos en nuestras debilidades, y perfeccionar el propósito de Dios en cada uno de los creyentes.

Pero esta consolación es mucho más que una palmada de espalda, Pablo busca poner las cosas en la perspectiva correcta.

«A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan para bien»

… pero para bien de qué, con respecto a qué?

Quiero que considere los siguientes puntos que podemos encontrar en un análisis inductivo:

I. El sufrimiento presente. (v18-21)

Cuando el pecado entró en este mundo, no solo la humanidad cayó en desgracia, sino que también la maldición cayó sobre toda la creación , y ésta fue arrastrada a un abismo de sufrimiento y destrucción. 

En Genesis 3:16-19 Dios dijo que: ”Maldita será la tierra por causa del pecado del hombre, y que con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.«

Hoy, más que nunca, nos vemos rodeados de guerras, hambrunas, plagas, enfermedades, inundaciones, olas de calor. De hecho justo esta semana los meteorólogos están diciendo que  acaba de terminar la era del Calentamiento Global para dar paso a la Era de la Ebullición Global, con lo cual dicen que ya no hay vuelta atrás en la inminente destrucción de nuestro hogar, la Tierra.

No sé si a usted le pasa, pero yo al mirar todas estas cosas me deprimo, a pesar de saber que mi hogar no es este, y que muy probablemente no llegue a ver con mis ojos el terrible final de esta tierra.

El mundo cae en desesperanza. El afán, la ansiedad son el sello distintivo de los últimos tiempos. 

Los entendidos dicen que esta y las próximas generaciones tendrán tal nivel de desesperación que las tasa de suicido seguirán aumentado cada vez más y más y, lamentable e inevitablemente, muchos cristianos también sufren estas consecuencia por estar anclados al “aquí y ahora”. 

Cada vez va quedando menos gente en las iglesias. La gente está perdiendo la fe.

Por otro lado, muchos, con tal de escapar de todo esto buscan llenarse de placer. 

El profeta Isaías, al darles a conocer a los israelitas lo que el Señor le había mostrado en visión, en cuanto a lo que les iba a acontecer debido a sus rebeliones, no le creyeron, y en vez de arrepentirse y clamar a Dios por misericordia, organizaron banquetes y se burlaron de las palabras del profeta diciendo «comamos y bebamos que mañana moriremos”.

II. En Cristo toda la creación tiene esperanza. (v19-21)

Sin embargo, Cristo ha venido a restaurar lo que se había perdido.

En Efesios 1:7-10 dice que “En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de su gracia que Dios nos dio en abundancia con toda sabiduría y entendimiento. Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad, según el buen propósito que de antemano estableció en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo: reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra.”

Y en Colosenses 1:19-20: “Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo mismo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz.”

¡Qué tremenda Gracia! Que a pesar de nosotros y haber traído maldición no solo a nosotros mismos, sino que arrastrar a creación completa a las destrucción, Dios Padre, por medio de Jesús, restaura TODO. ¡Aleluya!

III. La ayuda del Espíritu en nuestras debilidades. (v26-27)

Déjame decirte hoy mi hermano que “ya no estás solo”.

Jesús mismo en Juan 14 les dijo a los discípulos que enviaría al «otro consolador», el Espíritu Santo.

Muchas veces seguimos luchando solos. Conscientes de que queremos agradar a Dios. Tratando de salir a flote en medio de todas las circunstancias que nos rodean. 

Por citar algunas de estas luchas:

El Señor te dice: «NO ESTAS SOLO». Tienes al Espiritu Santo dentro de ti.

IV. El propósito de Dios para los creyentes.(v28-30)

Hay una promesa tremenda en estos pasajes con tal de que el propósito de Dios se cumpla en aquellos que le aman, Dios ha prometido que, a éstos, TODAS las cosas les ayudan a bien.

La condición es que AMES a Dios.

Ahora bien Dios te ha dado un propósito, y su propósito es eterno: Que seas semejante a Jesús.

Genesis 1:27 nos dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero luego esta imagen fue desfigurada por el pecado, por lo cual Dios envió a Jesús, su propio hijo, la imagen perfecta del Dios invisible a restaurar lo que se había perdido… la imagen de Dios en el hombre.

Todos los creyentes debemos tener muy claro cual es nuestro propósito, el cual es ser transformados a esta imagen perfecta, tal como lo señala Pablo en Efesios 4:13 que dice que «Dios ha provisto todo para que lleguemos a la estatura del varón perfecto que es Cristo».

Cuando un creyente tiene claro cual es el propósito, entonces todo cobra sentido.

Por lo cual quiero reiterarle hoy: «enfócate en el propósito de Dios”.

Si no tienes claro por qué sigues a Cristo, te encarezco mi hermano/a que hables con los pastores y obreros, hermanos más maduros en Cristo para que te enseñen.

Lee esta carta de Pablo a los Romanos. Es una tremenda descripción de lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas; darle propósito.

Cuando amas a Dios, todas las circunstancias de la vida son transformadas para bien.

La Biblia nos enseña que aquellos que aman a Dios y viven conforme a su propósito experimentarán cómo todas las cosas trabajan juntas para bien, incluso en las temporadas más difíciles. 

En la Biblia tenemos muchos personajes cuyas historias nos inspiran a confiar en Dios y amarlo en todas las circunstancias, tales como Daniel o José, quienes pasaron momentos muy difíciles, pero siguieron confiando y amando a Dios y, a su tiempo, Dios les hizo brillar.
Daniel, por ejemplo, fue llevado cautivo y, por lo que entendemos, fue convertido en eunuco cuando él era tan solo un jovencito. Su ciudad destruida y muy probablemente su familia asesinada . 

Finalmente…

Cómo estás enfrentando las temporadas difíciles en tu vida?. 

¿Estás buscando activamente amar a Dios y vivir según su propósito incluso en medio de las circunstancias dificiles?

Te invito mi hermano/a a que mantengas una fe inquebrantable en Dios y actúa con valentía y sabiduría en cada situación que enfrentes. 

No te olvides que no estás solo. El Espíritu Santo vive en ti y te dará las fuerzas y sabiduría para avanzar y sobreponerte.

Ve los tiempos difíciles como oportunidades para crecer en tu relación con Dios y en su carácter, sabiendo que Él puede usar incluso los momentos más difíciles para moldearnos y guiarnos hacia su propósito.

Finalmente, busca rodearte de amigos fieles que también amen a Dios y te animen en tu caminar espiritual. Juntos, pueden apoyarse mutuamente en la fe y encontrar fortaleza en la comunión con otros creyentes.